Alfredo Alcain. Obra en papel TELOS

Desde hace décadas hemos empujado a nuestros hijos a estudiar otros idiomas, tradicionalmente el inglés, y ahora además otros como el alemán o el chino. Este impulso no responde a un deseo de ampliar la cultura de nuestros retoños sino que conlleva un determinismo asociado a su preparación para engrosar el mercado laboral. En un mundo cada vez más global, aumenta la probabilidad de que nos exijan otros idiomas a la hora de desempeñar un puesto de trabajo. El español nunca ha conseguido el estatus de lingua franca, excepto en Latinoamérica, que tiene el idioma inglés.

Este problema se traslada al ámbito de las relaciones internacionales. Y es que, aunque la nuestra es una lengua internacional y forma parte de aquellas consideradas como oficiales en instancias internacionales –como las Naciones Unidas o la Unión Europea-, desgraciadamente al descender en la escala jerárquica el inglés desplaza por completo al español en la operativa cotidiana institucional y en las reuniones de trabajo.

El papel de nuestro idioma en este marco es estudiado por la publicación El español en las relaciones internacionales (Ariel/Fundación Telefónica, 2012)  escrito por el diplomático Javier Rupérez y el doctor en lengua española de la Universidad de Alcalá David Fernández Vitores. El trabajo analiza la presencia del español en los foros y organismos multilaterales, y esboza el futuro de nuestra lengua en un mundo globalizado.

Fernández Vítores subraya la necesidad de desarrollar una política de actuación en el ámbito lingüístico destinada a preservar, y en la medida de lo posible, aumentar el peso institucional de nuestro idioma. El objeto no es sólo afianzar el peso político de los representantes de las naciones hispanohablantes dentro de los organismos internacionales (Unión Europea, Naciones Unidas), sino que además contribuir a aumentar el uso del español en Europa y en el mundo en general.

Por su parte, Javier Rupérez apunta las tres grandes asignaturas pendientes a las que se enfrenta nuestra lengua de cara a extender su ámbito de influencia:

  • El convertirse en lingua franca, es decir, constituir un idioma común utilizado para que los habitantes de distintas partes del mundo, cuya lengua materna no es el español, se entiendan entre sí.
  • Superar su presencia limitada en los campos de la economía, la ciencia y la filosofía.
  • Rebasar la acotación geográfica que conoce en la actualidad, dado que se ciñe exclusivamente a un solo continente, Latinoamérica.

¿Qué hacer para proyectar el español como lengua de uso cotidiano en el ámbito de las relaciones internacionales? Básicamente hay que consolidar su presencia en los espacios en los que es reconocido como primera lengua y ampliar los escasos en los que constituye una segunda lengua.

Por otro lado, juegan un papel fundamental en este cometido la enseñanza y difusión de este idioma en terrenos ajenos a la hispanidad, así como el fomento de los intercambios académicos y culturales en todos los ámbitos. En este particular destaca la labor de instituciones como el Instituto Cervantes o la Fundación Carolina, que realizan una importante labor de evangelización del español por el mundo.

                                                                                                          Pablo Rodríguez Canfranc

Categoría: Debate y Conocimiento, General

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