El economista estoniano Ragnar Nurkse  postuló la existencia de un círculo vicioso de la pobreza: “una constelación circular de fuerzas que actúan para mantener a un país pobre en un estado de pobreza”. A su juicio, las rentas bajas generan una ausencia de ahorro, y por ende, de inversión productiva que mantiene los ingresos bajos realimentando el ciclo de la pobreza. Desde una perspectiva más social que macroeconómica, la Organización Internacional del trabajo (OIT), considera el trabajo infantil como una forma de perpetuar la pobreza en las sociedades en las que está presente (Informe: “Trabajo Infantil: Causa y Efecto de la Perpetuación de la Pobreza”, 2007).

Ambas posturas en torno al subdesarrollo confluyen en la figura del círculo como símbolo de una situación que se repite indefinidamente, condenando a las comunidades más desfavorecidas a una situación de estancamiento en la pobreza. En este marco, la pobreza y el trabajo infantil se confunden como causas y efectos del círculo intergeneracional de la pobreza: ¿cuál da lugar al otro? ¿es la pobreza la causa del trabajo infantil o la existencia de éste es el que perpetúa la situación de indigencia de millones de personas en Latinoamérica? Los círculos no tienen principio ni fin…

Éste es uno de los temas abordados por el IV Encuentro Internacional contra el Trabajo Infantil, a través de un debate abierto por Karla Cueva, ex viceministra del desarrollo social de Honduras, bajo el título “La relación entre la pobreza y el trabajo infantil en América Latina”.

El texto de introducción a la discusión que nos ofrece Cueva incluye reflexiones brillantes en torno al tema introducido en este post:

“En igual medida, al establecer el vínculo entre pobreza como una de las principales causales del trabajo infantil en nuestra región, es preciso determinar entonces como el trabajo infantil incide en la perpetuación del circulo intergeneracional de la pobreza al limitarles el goce de derechos fundamentales para la generación y acceso a oportunidades que contribuyan a la interrupción de este ciclo”.

Es decir, que más allá de la defensa de los derechos humanos, y en concreto de los derechos de la infancia, más allá de las consideraciones éticas, la eliminación del trabajo infantil puede resultar una condición indispensable para garantizar el desarrollo económico de las sociedades de América Latina.

Una de las conclusiones surgidas de la anterior fase del Encuentro  fue que las relaciones entre pobreza, exclusión y peores formas de trabajo infantil adquieren una mayor profundidad y complejidad, y que el trabajo de menores no responde a una sola causa sino a la conjunción de diversos aspectos socioeconómicos. No es por tanto un problema aislado sino la parte de una problemática mucho más global.

Karla Cueva nos plantea tras su reflexión una serie de cuestiones que invitan al debate abierto:

  • En tu país, ¿Cuál es la situación de la población que vive en situación de pobreza? En esta, ¿el trabajo infantil está más presente?
  • ¿Estás de acuerdo que la pobreza es el factor más decisivo para la existencia del trabajo infantil? ¿Por qué?
  • ¿Qué otros factores son esenciales para la existencia del trabajo infantil?

¿Te animas a participar en la reflexión?

                                                                                                          Pablo Rodríguez Canfranc

Categoría: Educación, Protección de la infancia

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