El pasado día 7 de junio se celebró en Quito (Ecuador) el primero de los cuatro eventos presenciales previstos en el marco del IV Encuentro contra el Trabajo Infantil. Las sesiones tuvieron como broche de oro la presencia de la Premio Nobel de la Paz guatemalteca Rigoberta Menchú, que compartió con los presentes, y con todos aquellos que siguieron la jornada a través de vídeo streaming y de las redes sociales, sus reflexiones acerca del problema del trabajo infantil en Latinoamérica.

Rigoberta Menchú ha dedicado su vida a la defensa de los derechos de los indígenas en Guatemala, lo que le hizo merecedora del Premio Nobel de la Paz en 1992 y del Premio Príncipe de Asturias en 1998. Actualmente ejerce de Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO.

La exposición de Menchú aportó una visión global sobre las causas del trabajo infantil en el continente y también sobre las vías para acabar con esta situación. Su experiencia como luchadora en la defensa de los derechos humanos le aconseja  “adecuarnos para distintos campos”, es decir, no concebir el tema como algo aislado sino enlazado con otros muchos aspectos socioeconómicos.

A juicio de la ponente, el trabajo infantil tiene causas estructurales pues se ha creado un sistema que no beneficia a los niños y niñas. “Decir que su hijo posee derechos como educación y salud hoy a veces es casi una ofensa”, afirma.

La erradicación del trabajo de menores de edad es responsabilidad de todos pero la mayor responsabilidad es del Estado, cuya obligación es garantizar para siempre los derechos de la infancia y no solo en situaciones de emergencia. Además, resulta indispensable repensar las condiciones del Estado para que las políticas públicas no cambien con los diferentes gobiernos.

Rigoberta Menchú considera contradictorio pensar que erradicar el trabajo infantil es una utopía, y añade: “tenemos que tener utopías en nuestras vidas”.  Hay que adaptarse a estos tiempos, renovando las luchas, campañas y argumentos. Cualquier causa requiere una lucha de por vida no sujeta a la coyuntura. Resulta necesario centrarse no en lo que se ha hecho, sino en lo que falta por hacer.

La alfabetización de los niños y las niñas es una herramienta pero no es suficiente, debemos complementar la escuela con una formación armónica, ofreciéndoles herramientas para que sepan sobrellevar la decadencia global. Igualmente, la Integración familiar es una manera de prevenir el trabajo infantil.

Menchú invitó a todos a unirse al compromiso, a subrayar y poner en negrilla la erradicación del trabajo infantil, como un objetivo alcanzable con los esfuerzos de todos, porque en sus palabras: “nunca es tarde para sentar las bases del futuro”.

Categoría: General



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